domingo, febrero 15, 2015

BIENVENIDO LAHOZ LAINEZ, NACIDO EN CERVERA DEL RINCÓN


Por: Fr. Juan Devesa Blanco
I.APUNTES BIOGRÁFICOS
El Padre Bienvenido Lahoz nació el 21 de marzo de 1887 en Cervera del Rincón. Aún destacan sobre las modestas construcciones del lugar, la neoclásica iglesia (1604) y un singular torreón histórico, bien conservado, de factura gótica (tal vez del siglo XIII), impregnado de aires de reconquista, que vigila, fuerte y erguido, sobre la senda pedregosa y serpenteante a la que da paso el hocino. En este pueblo azotado por las ventiscas y mal resguardado del cierzo, tenían los caballeros LAHOCES, o Lafoces, su heredad y señorío; y es todavía hoy la suya (si bien recortada por las apetencias de los conservadores y liberales de otros tiempos) la más pingüe hacienda en tierras de pan llevar y en extensos pastizales. Hasta no hace mucho campeaba el escudo de los Lahoces en los dinteles de piedra de la casa solariega y del torreón antes descrito; blasón que hizo desaparecer el padre de nuestro religioso.
El señor Manuel Lahoz fue su padre . Hombre de recio temple. La madre se llamó Simona Lainez, de la cual recordaba el hijo la nada común prudencia y de su probada virtud.
En aquel pueblo y de tales padres, nació Bienvenido, que fue travieso entre los traviesos y constituyó la preocupación de sus progenitores por su despierto y precoz talento. De sus travesuras buena muestra es el peligro en que puso al pueblo entero cuando por adueñarse de la miel que habían fabricado las pacíficas abejas en el tronco de un árbol, prendió fuego al árbol; fuego que del árbol se propagó a los rastrojos y amenazó con devorar al pueblo. La preocupación de los padres aumentó cuando el niño, en una casa de ricos labriegos, con muchas hectáreas de tierra, descubrió su escasa, por no decir inexistente, afición al trabajo del campo.
Al mismo tiempo que no se desvivía por las faenas de la útil labranza, manifestó elmuchacho afición a los libros y al estudio. El nos contaba como llegó a ocupar el puesto de honor en la escuela. Un día, para probar la ciencia de sus discípulos preguntó el maestro: “¿Qué hicieron los apóstoles antes de separarse para ir a predicar por el mundo?”, y solo el pequeño Lahocico, desde los últimos puestos, respondió, despreciando la menudencia del acento: “El Simbólo”. “Se dice Símbolo, hijo mío”, le adoctrinó el dómine; y le colocó el primero.
Al poco tiempo, ni el maestro ni el cura sabían qué poner delante al “empollón” insaciable y aconsejaron que se le internara en un Colegio. Así se hizo: en el de los PP. Escolapios de la histórica Daroca; tanto para tenerlo sujeto como para ilustrarlo.
Terminada su estancia en Daroca, cuando contaba 13 años, cayó en manos del adolescente un libro en el que leyó, entre otras cosas, que para conseguir la total enmienda, para santificarse, para dar gloria a Dios con la vida y con los estudios, lo mejor era “ingresar en una santa comunidad”. El chico no sabía, ¡ni mucho menos!, que era una “santa comunidad, pero al preguntarle sus padres si quería continuar sus estudios en Zaragoza o empezar a trabajar en el campo, respondió decidido: “Yo quiero ingresar en una santa comunidad”. Acertó a pasar por la casa un clérigo y, oyendo que los Lahoces andaban buscando una “santa comunidad” para el chico, les hizo saber que conocía una de PP. Mercedarios, en el convento de Sta. María del Olivar, no muy lejos de Cervera, donde le recibirían con mucho gusto.
Y así, providencialmente, fue como el hijo del Sr. Manuel y de la Sra. Simona llegó al antiguo Convento del Olivar, el 23 de septiembre de 1900 dejando, tras la barrera montañosa del Puerto Minguez, casa, apriscos, padre, madre, una hermana, parientes; ganados, tierras, labrantías y campos de forraje.

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