
Por Richard Walen
LA ESPOSA MUERTA
Capa enseñó a Gerda Taro a usar la cámara y durante buena parte del primer año de la Guerra Civil española trabajaron como colaboradores, primero publicando su obra conjunta bajo el nombre de “Capa”, después con sus nombres unidos por un guión y, finalmente, publicando cada uno por separado sus propios reportajes. Al morir Taro, aplastada por un tanque republicano fuera de control, en la batalla de Brunete, en julio de 1937. Capa se sintió desolado por aquella desgracia. Parece que en algún momento de aquella primavera había pedido a Gerda que se casara con él y que ella lo había rechazado (a lo que se ve, a medida que la independencia profesional y el prestigio de la joven iban en aumento, crecía también su independencia emocional) pese a todo, Capa seguía profundamente enamorado de ella y, de hecho, se convirtió en su esposa muerta. En efecto, después de muerta, nada impidió que Capa pudiera decir a la gente que estaban casados, y es indudable que él se sentía tan unido a ella como si lo hubieran estado realmente.
Muchas de las cosas que había visto y vivido ese joven de veintitrés años le habían enseñado que era demasiado peligroso estar demasiado apegado a las cosas o a las personas, puesto que suponía un riesgo de terribles dolores. Su exilio de Hungría por actividades izquierdistas a los 17 años lo había separado de su familia. Tanto en Berlín (de donde había tenido que salir al acceder Hitler al poder) como en París aprendió todavía más cosas acerca de la temporalidad y la muerte. En España por otra parte, también tuvo que ser testigo de toda suerte de calamidades.
FUENTE: REVISTA FOTO PROFESIONAL Nº 40 ABRIL DE 1986
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