
EL PRECIO DE LA LEYENDA
Por Richard Whalen
Cuando Andre se propuso hacer reportajes de la Guerra Civil española, empezó presentándose como Capa, apropiándose de ese modo la personalidad y el destino de aquel personaje imaginario. Si la nueva identidad le abría nuevas puertas (no en vano el nombre tenía sonoridades hispánicas), también imponía exigencias, ya que a partir de entonces sus realizaciones (por lo menos a la hora de referirlas) debían estar a la altura de la fama de Robert Capa, cuya identidad había sido urdida en un primer momento. Corrió enormes riesgos en Madrid en ocasión de los bombardeos y en sus incursiones al frente, y las fotografías que había obtenido eran soberbias, pero esto no bastaba. Entendía que sus fotografías debían ir acompañadas de historias de peligros exagerados, por muy buenas que aquellas fueran en sí. En cualquier caso, el taimado Capa estaba convencido de cuanto más pudiera convencer a sus editores de que había puesto en peligro su vida para sacar las fotografías, más obligados se sentirían a pagarle bien. Urdir una leyenda no era solo una manera de entretener a sus amigos, sino también un negocio. La leyenda se pagaba.
Sin embargo esta actitud no influía en nada aquella idea de la cual estaba cada día más convencido de que en la guerra había algo más que acción y aventura. Las fotografías tomadas en Madrid durante los primeros días del sitio dejaban perfectamente aclarado que estaba empezando a comprender que la verdad sobre la guerra no estaba solamente en el calor de la batalla, en la fachada oficial, sino también al margen de los acontecimientos, en los rostros de los soldados que soportaban el frió, la fatiga y el aburrimiento detrás de las trincheras, o de la población civil, castigada por el miedo, el sufrimiento y la muerte. Pese a que Capa ha sido clasificado básicamente como un fotógrafo de temas bélicos, en realidad fue, a lo largo de toda su carrera, fotógrafo sobre todo de seres humanos, y muchas de sus fotografías de guerra (incluso las tomadas en el fragor de la batalla) no son tanto crónicas de acontecimientos como estudios extremadamente comprensivos y compasivos de personas sometidas a condiciones extremas de tensión. Como escribía John Hersey en 1947, es muy cierto que “por encima de todo -que es lo que muestran sus fotografías-, Capa, que tantas energías había gastado en fraguar invenciones en torno a su propia persona, sentía una simpatía profunda y humana por los hombres y las mujeres que son prisioneros de la realidad”
Fuente: Revista Foto Profesional nº 40 abril de 1986
1 comentarios:
HOLA:
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