lunes, noviembre 08, 2010

ROBERT CAPA EL HOMBRE Y EL MITO II

Foto de Robert Capa tomada en Teruel

UN SEUDONIMO COMO OPERACIÓN DE MARKETING

Por Richard Whalen

El mismo nombre de “Robert Capa” es ya una falacia. Su verdadero nombre era Endre (Andrés) Friedmann y había nacido en 1913, en Budapest, donde sus padres tenían un salón de alta costura. El fotógrafo se fabricó el nuevo nombre en París, en la primavera de 1936, cuando sus luchas por el éxito comenzaban a resultarle remuneradoras. Después de varios años de encargos muy esporádicos (las cosas se le habían puesto tan mal a finales de 1935 que llegó a escribir a su madre que estaba buscando trabajo en el cine, “porque he perdido toda esperanza en la fotografía”), tuvo por fin ocasión de trabajar de manera continuada y de hacer dinero suficiente para ir tirando sin necesidad de recurrir a préstamos y artimañas ni a tener que escapar de los sitios donde vivía en plena noche. Pero como seguía sin estar satisfecho de los resultados, él y su novia Gerda Taro, idearon un plan. Según contaría años más tarde (pese a que no todos los detalles resisten el rigor de un atento escrutinio), decidieron inventarse el personaje de un fotógrafo americano rico, famoso....y totalmente imaginario, llamado Robert Capa. Andre, que se hacía pasar por operador de laboratorio de Capa, sería quien haría realmente las fotos que Gerda, que trabajaba para una agencia de fotografía, se encargaría de vender como originales de Capa. Si algún editor quería ver a Capa o entrevistarse con él, ya se encargaría Gerda de inventarse una excusa para evitar el imposible encuentro.

Al principio la treta dio resultado, o por lo menos así lo cuenta la historia. Gerda en su papel del “fabuloso Capa”, sabía convencer a los editores parisinos de que sería insultante para la fama internacional de su cliente que sus fotografías se vendieran por menos de 150 francos cada una, tres veces la tarifa habitual. Los editores pagaban de mil amores las fotografías de “Capa”, las mismas fotografías por las que no habrían pagado ni siquiera 50 francos de haber sabido que eran obra de un emigrado llamado Andre Friedman. Es un hecho, como ya sospechaba Andre, que nada sabe bien si no está por medio la ilusión del éxito.

Fuente: Revista Foto Profesional nº 40 abril de 1986

1 comentarios:

filo dijo...

muy interesante el artículo que transcribes, son los subterfugios del mito "Robert Capa".



saludos J. Ignacio